Cómo dejar de fumar es fácil tratamiento del tabaquismo con terapia método templa adicciones acompañamiento por Rocío

Sobre mí

Lo que sé de mí no me llega de la mente, sino de cuando me abro a sentir. Ahora prefiero entrar cada día a tocar aquello que siento, aquello que me da vida y desde ahí responsabilizarme de dar los pasos necesarios para tomar la dirección marcada. Sin embargo, esto no fue siempre así…

Mi naturaleza emotiva me superó en la infancia; sentía las emociones con gran intensidad y me afectaban mucho las reacciones del otro. Por lo que  trataba de protegerme en lugares más bien solitarios. La adolescencia me pilló en ebullición, una amalgama de sentimientos me descolocaban. El ambiente me pedía socialización, construirme un concepto, una estima, una identidad… yo seguía sin conectar con el otro desde lo genuino  y sin el espejo del otro la vida era una amenaza constante. Fumando encontré mi primer refugio, ¡fumar en la adolescencia me sirvió! ¡Claro que me sirvió! En los años 90 no estaba tan claro que fumar fuese una trampa; fumar era la norma, y a mí me gustó eso de tener algo en la boca frecuentemente y apartar un poco al otro con una cortina de humo. Recuerdo como, a pesar de que las primeras caladas me mareasen, insistía para que al final me gustaran; me parecía que el tabaco realmente estaba hecho para mí. Era como si con esa cortina de humo que se creaba y ese chupeteo constante me calmaran. Y así fue como pasé mi áspera adolescencia pegada a un cigarrillo.

Cómo dejar de fumar es fácil tratamiento del tabaquismo con terapia método templa adicciones autora Rocío

En la juventud, la vida me ofreció otras opciones más intensas y aprendí a “aliñar” los cigarrillos. Este aliño me cautivó y conseguía anestesiarme gran parte del tiempo que pasaba en mi círculo más cercano. Lograba no sentir; de esa manera estaba en mi mundo, sin afectarme lo que pasaba a mi alrededor. Era maravilloso tener esa “otra vida” en la que conectaba con la gente a un nivel aparentemente mucho más profundo pero efímero; se me olvidaba el punto de conexión rápidamente, conectaba con la gente por un tiempo, pero esos vínculos se los llevaba el viento. Eran esos encuentros en los que sientes la exaltación de la amistad, el amor a flor de piel, en los que compartes las metáforas de la vida que te hacen sentir la genialidad del ser humano, pero se “exfumaban”, demostrando que aquello que había parecido profundo y genial, no había enraizado. Una vez más, mis raíces iban a su aire… Anhelaba vincularme con otro afín, con el que poder compartir la vida desde lo auténtico, sin darme cuenta de que no había nada de auténtico en mí cuando evitaba a toda costa sentir. Muchos años pasaron con estas vivencias a las que entonces no ponía palabras, y tal desconexión conmigo misma comenzó a materializarse en problemas físicos, trombos, llagas, hasta llegar a enfermedades raras sin diagnóstico; Y, como no, también en depresiones y ansiedad. 

A mis 25 años, y tras un brote psicótico, comprendí que la vida me estaba pidiendo otra cosa que fumar porros y el marketing como profesión. Esa fue una de las primeras conexiones con lo que sentía. Así me empecé a interesar por la autoestima, el crecimiento personal y la psicología. Buscaba que la vida tuviera un sentido… Quería sentirme de verdad, y así fue como realmente quise dejar de fumar. Buscaba estar más en mí y me di cuenta de que fumar me desconectaba; con esa cortina de humo apartaba a los demás pero también me apartaba de mí misma, poniendo lejos la conciencia de lo que me inquietaba.

Un método americano de reestructuración mental fue el que me ayudó a ver el tabaquismo como una trampa. Si ya había dejado de consumir sustancias que perturbaban la conciencia, el tabaco debía de ser más fácil; sin embargo me llevó un tiempo desenmarañar lo que supone la triple trampa de la adicción al tabaco. Finalmente, comprendí que le estaba otorgando al cigarrillo superpoderes: relajarme, estimularme, inspirarme, calmarme… Hasta que me di cuenta al mirarme fumar despacio, saboreando cada calada, que el tabaco no me daba nada, sino que me quitaba mucho, sobre todo dignidad, además de salud y energía.

"Las adicciones nos protegen de vivencias del pasado y aspectos de nuestra personalidad que nos hiere hacer conscientes."

Esos meses sin echar humo, … me permitieron estar más en contacto conmigo y conocerme más. Así, decidí estudiar Psicología , y encontré  en mi nueva dedicación el disfrute. Sin embargo, me faltaba algo que no supe ver en esa etapa….y recaí. Volvieron las tardes eternas prácticamente fumando, aliñados y light. Buscaba que las cosas tuvieran un color especial, y así vinieron las paranoias en comuna, y de nuevo la frustración de no encontrarle el sentido a todo, la rutina automatizada y las relaciones efímeras. Volví a chupetear el cigarrillo de forma continua y a crear esa cortina de humo cada vez que la insatisfacción se hacía notar.

Poco a poco entendí el simbolismo de la adicción al tabaco; en definitiva, seguía esperando que algún día volviera ese rico alimento que con todo su amor dan las madres , y esa palabra de aliento, de no estás sola, comencé a dármela yo… así fue como eso a lo que llamamos fuerza de voluntad y el ánimo se fueron instalando en mí, y gracias a esa conexión y complicidad conmigo misma me fui enraizando en la vida. Elegí estar en mí y no separarme con el humo, ni con chupeteos automáticos anhelando que el ánimo llegara desde fuera. Y, finalmente desde ahí, sí pude vincularme de verdad con el otro, transitar el camino de vida elegido y poder dar fruto.

En todo este tiempo, fueron varios procesos terapéuticos en los que me impliqué, y aprendí que sin raíces no hay alas, que somos mucho más que nuestra personalidad, que debemos comprenderla y transcenderla para no someternos a ella; Aprendí a reconocer mis carencias, mis necesidades y las de mis raíces; A tomar conciencia de los símbolos que refleja la vida, el chupeteo, el humo; A Aceptar lo que duele y lo que dolió, las vivencias infantiles que no se procesaron y que quedaron ancladas en el subconsciente… Todo ello forma parte de esas raíces que toca peinar y ordenar para comprender y perdonar.

Formación profesional

  • Licenciada en Psicología Clínica y de la Salud por Centro San Pablo CEU. Universidad Complutense de Madrid en 2004.
  • Psicóloga General Sanitaria habilitada por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid en 2014. Colegiada en Madrid
    M-20.206.
  • Formación en Terapia Gestalt por el Instituto de Gestalt de Madrid (IPG) (2008 – 2010).
  • Formación en EMDR, Eye Movement Desensitization and Reprocessing, por el Instituto Español de EMDR y la Asociación Europea de EMDR (2019).

Experiencia profesional

Mi recorrido profesional en psicología nace en Proyecto Hombre Madrid, donde aprendí a tratar a personas con adicciones y otros trastornos mentales desde una perspectiva humanista e integradora. Gracias a grandes profesionales como Mónica González, Óscar Garrido y Fernando Chaves, terapeutas y director de la Comunidad Terapéutica de Batán, aprendí una gran base de lo que sé hoy en día de adicciones.

Posteriormente empecé a llevar grupos de terapia de diferentes temáticas, entre ellas de Autoestima. Comencé en centros culturales y tras la demanda de dicha temática formamos grupos de autoestima de forma privada. Durante los últimos cuatro años he podido constatar que la autoestima está en la base de nuestra calidad de vida, su falta se hace evidente en los procesos de enfermedad y en las relaciones personales conflictivas.

Si te identificas en algo con esta experiencia, te animo a pasar por este proceso de la dependencia a la libertad, a salir de las drogodependencias del hachís y del tabaco, te acompaño a  salir de esa trampa que protege, ¡Se puede salir llegando a la raíz del problema, claro que se puede salir!.